lunes, 15 de febrero de 2016

MI DÉCIMO SÉPTIMA CATEQUESIS.

TRES TIPOS DE COMUNIDADES CRISTIANAS. ¿CUÁL ES LA TUYA?


21 Al ángel de la iglesia de Éfeso escribe así:
Esto dice el que tiene las siete estrellas en su diestra y anda entre los siete candelabros de oro:
2 Conozco tus obras, tu esfuerzo y tu entereza; sé que no puedes sufrir a los malvados, que pusiste a prueba a esos que se llaman apóstoles sin serlo y hallaste que son unos embusteros.
3 Tienes aguante, has sufrido por causa mía y no te has rendido a la fatiga,
4 pero tengo en contra tuya que has dejado el amor primero.
5 Recuerda de dónde has caído, enmiéndate y vuelve a proceder como al principio; si no, como no te enmiendes, vendré a quitar tu candelabro de su sitio.
6 Es verdad que tiene una cosa a tu favor: aborreces las prácticas de los nicolaítas, que yo también aborrezco.
7 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
Al que salga vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el jardín de Dios.

Explicación.

1-7 Destinatario, la comunidad que está en Éfeso, capital de la provincia de Asia. El ángel, la comunidad misma en su dimensión trascendente (1,20: "estrellas", luz celeste), contradistinta del "candelabro", la comunidad en su dimensión terrestre (1,20: "candelabros", luz terrestre, la comunidad en cuanto difusora de un mensaje).
Autorepresentación de Jesús (el que tiene las siete estrellas, cf. 1,16) (1b). Esto dice, fórmula de los oráculos proféticos; Jesús Mesías toma el puesto de Dios.
Juicio de la situación (2-3). Positivo: su firmeza, valentía y constancia frente a los que ceden al paganismo (v.6); negativo, traición íntima, falta de amor (4).
Exhortación particular (5-6): enmienda; de lo contrario, la comunidad de Éfeso dejaría de formar parte del círculo de las iglesias. Bajo un exterior irreprochable, falta lo esencial. Su actitud ante los heterodoxos es un indicio favorable. No hay datos sobre los nicolaítas.
Exhortación general (7a). El mensaje vale para todas las iglesias; el Espíritu les habla recordándoles la enseñanza de Jesús. Oídos, oír, aplicarse a la comprensión en vista de la actividad (7).
Promesa (7b): La recompensa por la victoria sobre el mundo (cf.1 Jn 5,4s) se describe con alguna imagen asociada a la vida futura; aquí con la de comer del árbol de la vida (Gn 2,9; Ap 22,2), gozar de una perenne plenitud de vida. El vencedor, el que colabora hasta el fin en la victoria de Jesús sobre las fuerzas históricas enemigas del hombre.

28 Al ángel de la iglesia de Esmirna escribe así:
Esto dice el que es primero y último, el que estuvo muerto y volvió a la vida:
9 Conozco tu apuro y tu pobreza, y, sin embargo, eres rico; sé también cómo te calumnian esos que se llaman judíos y no son más que sinagoga de Satanás.
10 No temas nada de lo que vas a sufrir; el diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para poneros a prueba, pero vuestro apuro durará diez días. Se fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida.
11 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.
El que salga vencedor no será víctima de la muerte segunda.

Explicación.

8-11. A Esmirna. Comunidad en lucha, perseguida por la colonia judía. Autopresentación de Jesús; el vencedor de la muerte, en relación con la promesa final de la carta (v.11).
Juicio positivo: a esta comunidad pobre, sólo elogios. En medio de la persecución, la pobreza de medios y la calumnia, la comunidad es rica por su adhesión a Jesús (9-10). Israel ha perdido su privilegio. Los judíos no tienen derecho a distinguirse con ese nombre; ahora no son más que una perversión del antiguo pueblo (sinagoga de Satanás). Prueba efímera (cf. Dn 1,12.14). La muerte por la adhesión a Jesús, umbral de la vida (10).
Promesa (11b): la muerte segunda (cf. 20,14): además de la muerte física, que para el cristiano no interrumpe la vida, hay una muerte definitiva y total; quien colabora en la obra liberadora de Jesús tendrá vida definitiva.

214 Al ángel de la iglesia de Laodicea escribe así:
Esto dice el amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios:
15 Conozco tus obras y no eres ni frio ni caliente. Ojará fueras frío o caliente,
16 pero como estás tibio y no eres ni frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca.
17 Tú dices: "Soy rico, tengo reservas y nada me falta". Aunque no lo sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo.
18 Te aconsejo que me compres oro acendrado a fuego, así serás rico; y un vestido blanco, para ponértelo y que no se vea tu vergonzosa desnudez, y colirio para untártelo en los ojos y ver.
19 A los que yo amo los reprendo y los corrijo; sé ferviente y enmiéndate.
20 Mira que estoy a la puerta llamando: si uno me oye y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos.
21 Al que salga vencedor lo sentaré conmigo en mi trono, lo mismo que yo, cuando vencí me senté con mi Padre en su trono.
22 Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias.

Explicación.


14-22. Para Laodicea, cerca de Colosas, cf. Col 4,16. Autopresentación (14b): el Amén, aplicado a Dios en el judaísmo, que equivale a los epítetos fiel y veraz, cf. 1,5; el principio de la creación de Dios, cf. Col 1,15; horizonte universal. Juicio de la situación: la comunidad de Laodicea no presenta faltas manifiestamente graves, pero aparece instalada en la mediocridad, quizá por adaptarse a la prosperidad de la ciudad misma; se siente satisfecha y segura (17). Exhortación particular (18): oro, vestido blanco, colirio; alusiones a la prosperidad de Laodicea, a su industria de lana y a su escuela de medicina. Amor paciente de Jesús, que pretende educar a la comunidad (cf. Prov 3,12; Heb 12,5-11) (19). El amor culmina en la petición de ser acogido; nadie lo espera en esta iglesia segura. No fuerza la entrada, habla invitando. Intimidad simbolizada por la cena (20).
Promesa (21): los que colaboran con Jesús participan de su realeza/condición divina (21).

miércoles, 13 de enero de 2016

MI DÉCIMO SEXTA CATEQUESIS DE CONFIRMACIÓN.

PADRE NUESTRO DEL CIELO.
PROCLÁMESE ESE NOMBRE TUYO.
LLEGUE TU REINADO.
REALÍCESE EN LA TIERRA TU DESIGNIO DEL CIELO.
NUESTRO PAN DEL MAÑANA DÁNOSLO HOY.
Y PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS,
QUE TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES.
Y NO NOS DEJES CEDER EN LA TENTACIÓN,
SINO LÍBRANOS DEL MALO. AMÉN

Realícese en la tierra tu designio del cielo.
Tercera petición. La traducción ordinaria “hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”, se entiende poco. ¿Quién hace la voluntad en el cielo, para que se haga en la tierra? No está claro. ¿Qué voluntad es esa? La palabra voluntad, que está en la traducción latina “voluntas”, es una traducción deficiente. Porque la palabra griega, significa algo concreto, y eso concreto, si se refiere a un proyecto histórico, como es aquí, a un plan de Dios, entonces la traducción “voluntad” no es correcta. Ponemos “tu plan” o una palabra más noble y más bonita que es “tu designio”.


De manera que Dios tiene un designio. ¿Cuál es? Ya lo sabemos. Que esa humanidad nueva construya una sociedad nueva, que es el reino de Dios. Esa humanidad nueva, que viene por su reinado, por el don del Espíritu, construya una sociedad nueva. Fijaos, si nosotros decimos “designio” o “plan”, entonces eso incluye dos fases: una fase de concepción y otra de ejecución. Un designio, un plan se concibe y después se ejecuta. Y a eso corresponden los dos términos. En el cielo se concibe y en la tierra se ejecuta. Por eso la traducción es: Realícese en la tierra tu designio del cielo. Dios tiene un proyecto, Dios tiene un designio sobre la humanidad, que es esa sociedad nueva, esa sociedad de los hijos de Dios, esa sociedad de felicidad humana, de libertad, de crecimiento, de fraternidad. Él lo ha concebido en el cielo. Y lo que pedimos es que se realice en la tierra.


La comunidad tiene ya experiencia, pequeña, frágil, de esa realidad. Ella es parte de ese designio a realizar, es ya una pequeña parcela del reino de Dios. Pero no basta. El compromiso inicial del cristiano se hace por amor a la humanidad, como el de Jesús. ¿Veis como se trasluce el amor a la humanidad en estas tres peticiones? Los que ya viven la nueva realidad no pueden conformarse con vivirla ellos, están deseando que eso se extienda a la humanidad.
De manera que tenemos ya la primera parte del Padre nuestro. Proclámese ese nombre tuyo, que la humanidad sepa que tú eres el dador de vida, no un dios tirano, un dios arbitrario, sino el Dios que comunica vida a los seres humanos. Con lo cual se libera de toda superstición del poder, de toda adoración del poder, de todo respeto a la tiranía. La humanidad liberada. Llegue tu reinado. Que la humanidad haga la opción aquella de la primera bienaventuranza, que cambie su estado de valores y tú le infundas vida y se cree el ser nuevo. Realícese en la tierra tu designio del cielo, es decir, que esos seres nuevos construyan la nueva sociedad, la que asegura la felicidad de todos los seres humanos.

Esta es la primera parte del Padre nuestro. Es completamente misionera, volcada hacia fuera. Esto es notable, porque el Señor nos enseña aquí cuál es el orden de prioridades en nuestras peticiones. No empieza diciendo: Señor, yo pido por mí. No. Primero por todos, por la humanidad. Fijaos en aquella frase de Juan que dice: “Así demostró Dios su amor al mundo (que es la humanidad), llegando a dar a su Hijo único. De manera que el amor a la humanidad, supera, por así decir, el amor al Hijo. En nosotros, el amor a la humanidad, supera al amor hacia nosotros.

En las oraciones de los fieles, se empieza siempre por la santa iglesia católica. Éste no es el orden del evangelio. Primero hay que pedir por el mundo, por la humanidad, por los que lo necesitan, porque la gente cambie de mentalidad. Y después pedimos por la iglesia, que somos nosotros. Pero empezar pidiendo por la iglesia no es según el evangelio, según el Padre nuestro. Porque el Señor nos ha enseñado muy claramente cuál es el orden. Primero el amor a todos, después la preocupación por nosotros. Veis que, ser perfecto como vuestro Padre del cielo es perfecto, implica el amar a todos, el amor universal. Por eso en primer lugar ponemos el amor universal. Esto es lo que tenemos que desarrollar. Desde nuestra realidad cristiana, que eso se haga realidad en todas partes, en los tres grados: liberación, creación de la persona nueva, creación de la sociedad nueva.


Porque sin seres humanos nuevos no hay sociedad nueva. Ese era el engaño de los judíos en tiempos de Jesús y de los discípulos, que tenían la misma mentalidad. Y es que, según ellos, lo que hacía falta era una revolución, una subversión reformista que quitase aquellos colaboracionistas, aquellos corrompidos, que eran los directores del pueblo en aquel tiempo, los sacerdotes y las familias ricas, y diera una nueva estructura. No sirve para nada. Lo hemos visto, lo estamos viendo. El ensayo de crear una sociedad nueva, como se ha hecho en los regímenes comunistas, Rusia y China, sobre todo, sin cambiar a la gente, lleva a la ruina. Porque si la gente sigue siendo ambiciosa, como lo sigue siendo, no ha renunciado a las ambiciones, vuelve a salir todo y se creará, con otras formas políticas, la misma injusticia. Y lo mismo podemos decir también de nuestra sociedad capitalista. ¿Cuál es su defecto? Esa ambición tremenda que crea violencia y crea injusticia necesariamente. De manera que el orden, la prioridad es el amor a la humanidad.


Y luego, como ya hemos dicho que estas peticiones suponen una experiencia, expresan un deseo e implican un compromiso de trabajo, naturalmente la comunidad se mira así misma y entonces pide estar a la altura y empieza la segunda parte del Padre nuestro, donde se utiliza el pronombre plural de primera persona: nosotros, nuestros, nos.



Mi amigo y yo fuimos a la feria. LA FERIA MUNDIAL DE LAS RELIGIONES. No era una feria comercial. Era una feria de la religión. Pero la competencia era tan feroz y la propaganda igual de estruendosa.

En el «stand» judío nos dieron unos folletos en los que se decía que Dios se compadecía de todos y que los judíos eran su pueblo escogido. Los judíos. Ningún otro pueblo era tan escogido como el pueblo judío.

En el «stand» musulmán supimos que Dios era misericordioso con todos y que Mahoma era su único profeta. Que la salvación se obtiene escuchando al único profeta de Dios. 

En el «stand» cristiano descubrimos que Dios es Amor y que no hay salvación fuera de la Iglesia. O se entra en la Iglesia, o se corre el peligro de la condenación eterna.

Al salir pregunté a mi amigo: «¿Qué piensas de Dios?». «Que es intolerante, fanático y cruel», me respondió.

Cuando llegué a casa, le dije a Dios: «¿Cómo soportas estas cosas, Señor? ¿No ves que han estado usando mal tu nombre durante siglos?».

Y me dijo Dios: «Yo no he organizado la feria. Incluso me habría dado vergüenza visitarla».


jueves, 7 de enero de 2016

MI DÉCIMO QUINTA CATEQUESIS DE CONFIRMACIÓN.


PADRE NUESTRO DEL CIELO.
PROCLÁMESE ESE NOMBRE TUYO.
LLEGUE TU REINADO.

REALÍCESE EN LA TIERRA TU DESIGNIO DEL CIELO.
NUESTRO PAN DEL MAÑANA DÁNOSLO HOY.
Y PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS,
QUE TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES.
Y NO NOS DEJES CEDER EN LA TENTACIÓN,
SINO LÍBRANOS DEL MALO. AMÉN


La segunda petición tiene, en la traducción española, un defecto tremendo.  Se dice: venga a nosotros tu reino. Ese “a nosotros” no está ni en el griego ni en el latín ni en el francés ni en el italiano ni en el inglés ni en el alemán ni en ningún otro, solamente en el español. ¿Por qué se dice “a nosotros”, si no está? Es meter ahí un pronombre que pertenece a la comunidad, y eso corresponde a la segunda parte. Falsea completamente el Padre nuestro. Porque hemos dicho que los que rezan el Padre nuestro tienen ya experiencia de ese reino, Dios reina sobre ellos porque tienen el Espíritu. Ellos no piden para sí, piden para el mundo. Por eso, si os acordáis del latín, se decía: adveniat regnum tuum”. No a nosotros, sino que llegue tu reino. De manera que eso tenemos que corregirlo en nuestra oración. Porque si no, no entendemos el Padre nuestro.
¿Qué significa esta petición? La palabra reino puede traducirse de tres maneras: realeza, reinado y reino. La ordinaria, en lenguaje arameo o hebreo, es reinado. El reino somos nosotros, y no se puede decir que lleguemos a nosotros. Lo que se pide es que llegue su reinado, es decir, la actividad de Dios sobre la humanidad se ejerza. Ya se ejerce sobre la comunidad y ahora, esta comunidad, quiere que sea para el mundo entero, para toda la humanidad. El reinado de Dios es la comunicación de vida. La vida de Dios comunicada es el Espíritu. Por tanto lo que se pide es que esta experiencia de vida que tenemos nosotros, del Espíritu que nos ha dado vida, que sea también experiencia de la humanidad. La pequeña utopía realizada y la gran utopía.
Acordémonos de la primera bienaventuranza. “Dichosos los que eligen ser pobres, porque sobre ellos reina Dios, Dios ejerce su reinado, tienen a Dios por rey”. De manera que para que Dios ejerza su reinado sobre los seres humanos, esa comunicación de vida, hace falta esa opción, la opción por la pobreza, que es la opción contra las ambiciones de dinero, de honor y de poder. La comunidad ha hecho la opción y ha recibido el Espíritu, ya Dios reina sobre ella. Entonces se pide que Dios reine sobre la humanidad, y eso implica que la humanidad cambie su estado de valores, que en vez de los valores de la sociedad injusta (la ambición, las insolidaridades, la violencia interna y externa), que cambien y que elijan precisamente lo contrario: la sencillez y el compartir, la igualdad y el servicio mutuo, en vez del poder, el honor y el dinero. De manera que esta humanidad que, primero, se libera al comprender que Dios es Padre y no es tirano y, por lo tanto, no acepta un tirano, esa humanidad, así liberada, haga las opciones propias de ese Padre que se propone, las opciones que el Padre pueda reinar. Las opciones implican renunciar a las ambiciones, y entonces “tu reinado” será una realidad. Que la humanidad se llene de vida, de Espíritu, de amor, de solidaridad, de fraternidad, porque ha hecho las opciones que eliminan esas rivalidades, hostilidades y violencias de la sociedad en que vivimos.
De manera que éste es el reinado de Dios. Dios reina sobre cada uno de nosotros y también sobre todos, porque la opción la hace cada individuo, esa no es comunitaria. Dentro de la comunidad, uno hace su opción personal. Eso es inevitable. No se pueden hacer opciones comunitarias, cada uno tiene que hacer su opción. Entonces así se crea la persona nueva. La persona que hace esa opción, que destierra de sí las ambiciones, que renuncia a todo eso y recibe el Espíritu, es la persona nueva, la nueva criatura. Entonces lo que se pide es que los seres humanos sean personas nuevas y que por esa opción vaya surgiendo la humanidad nueva.


LA ORACIÓN DE LA RANA (ANTHONY DE MELLO)

 Una niña estaba muriendo de una enfermedad de la que su hermano, de dieciocho años, había logrado recuperarse tiempo atrás.

              El médico dijo al muchacho: "Sólo una transfusión de tu sangre puede salvar la vida de tu hermana. ¿Estás dispuesto a dársela?

              Los ojos del muchacho reflejaron verdadero pavor. Dudó por unos instantes, y finalmente dijo: "De acuerdo, doctor; lo haré".

              Una hora después de realizada la transfusión, el muchacho preguntó indeciso: Dígame, doctor, ¿cuándo voy a morir?" Sólo entonces comprendió el doctor el momentáneo pavor que había detectado en los ojos del muchacho: creía que, al dar su sangre, iba también a dar la vida por su hermana.

PARA LEER LA CONFERENCIA ENTERA:

martes, 8 de diciembre de 2015

MI DÉCIMO CUARTA CATEQUESIS.

  PADRE NUESTRO DEL CIELO.

PROCLÁMESE ESE NOMBRE TUYO.

LLEGUE TU REINADO.
REALÍCESE EN LA TIERRA TU DESIGNIO DEL CIELO.
NUESTRO PAN DEL MAÑANA DÁNOSLO HOY.
Y PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS,
QUE TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES.
Y NO NOS DEJES CEDER EN LA TENTACIÓN,
SINO LÍBRANOS DEL MALO. AMÉN.

¿Cuál es tu nombre? El nombre está por la persona, es una manera de designar la persona. Pero, en este contexto, el nombre se refiere al que acabamos de pronunciar: Padre. Reconózcase o proclámese ese nombre tuyo. Esto es lo que se pide. ¿Quién lo tiene que proclamar?


El Padre nuestro tiene una invocación: Padre nuestro del cielo. Después, tiene tres peticiones para la humanidad entera, en las cuales no aparece ningún nombre personal referido a nosotros. Se dice: tu nombre, tu reino, tu voluntad. Y tiene una segunda parte, la cual se refiere a la comunidad cristiana. Nuestro pan, nuestras deudas, no nos dejes ceder a la tentación. De modo que, en la primera parte, los nombres posesivos se refieren a nosotros: nuestro pan, nuestras deudas, nuestros deudores, no nos dejes ceder a la tentación y líbranos. De modo que tiene dos partes clarísimas.


En esta primera parte, que estamos comentando, la primera petición es esa: proclámese ese nombre tuyo. ¿Quién lo tiene que proclamar? La humanidad. No nosotros. Nosotros ya lo reconocemos. Precisamente lo hemos llamado así: Padre. De modo que nosotros reconocemos que Dios es Padre. Pero la humanidad, no. Por lo tanto lo que se pide es que la humanidad reconozca que Dios es Padre. ¿Qué significa esto?


Las tres primeras peticiones del Padre nuestro nacen de una experiencia. Nosotros ya conocemos que tú eres Padre, nosotros hemos experimentado tu amor, nosotros vivimos de esa vida que nos has comunicado. Nacen de esa experiencia. Entonces esa experiencia se traduce en deseo. El deseo de que la humanidad conozca esto. Y desemboca en el compromiso. Y tenemos que hacer lo que podamos para que esto se verifique. De manera que nace de la experiencia, que hace surgir el deseo y desemboca en el compromiso.


La comunidad tiene experiencia de que Dios es Padre y quiere que la humanidad entera la tenga. Porque aquí hay la utopía pequeña, la utopía realizada, que es la comunidad cristiana. Ese es el reino de Dios realizado, donde existen unas nuevas relaciones humanas, donde hay la experiencia del amor del Padre, donde hay experiencia del amor de los hermanos, el amor fraterno y la solidaridad, donde los seres humanos son libres, no están sometidos ya a leyes, ni a imposiciones, donde toda esa comunidad está volcada para el bien del resto de la humanidad. De modo que hay una pequeña, minúscula, digamos, utopía realizada, el grupo cristiano.


Pero queda la gran utopía, que es la realización en la humanidad entera. Y entonces, los que viven en la utopía realizada, piden que se realice, que se verifique la gran utopía, que la humanidad llegue a entrar en esta realidad.

Proclámese o reconózcase ese nombre tuyo. Que la humanidad sepa que tú eres Padre.


Esto es la gran liberación de la humanidad. Porque todos los regímenes tiránicos, los cuales eran los únicos regímenes que había en aquel tiempo, no había más que tiranos, todos se han basado o han pretendido siempre estar consagrados por los dioses. La misma organización judía, tremendamente opresora, que era religioso-política, porque el sumo sacerdote era jefe religioso, pero además jefe político desde que había cesado la monarquía, era jefe de estado al mismo tiempo. Y esa organización se basaba en la pretensión de que eso era instituido por Dios. Y no digamos los regímenes paganos. Todos estaban amparados por sus correspondientes dioses.


Ya sabemos que en casi todos los países había dos religiones paralelas. Una era la religión del estado y otra era la religión popular. La religión popular empieza con lo doméstico: los difuntos, los dioses de la casa, en fin, todo lo inmediato. Pero el estado crea sus propias divinidades, que no hacen más que consagrar los valores del poder. Y así, por ejemplo, en Roma, ¿quién es el valor supremo? Júpiter. Júpiter es rey, sacerdote. Por eso el jefe del estado romano es rey y sacerdote, supremo poder civil y religioso. Se crea una divinidad a imitación dela cual se ejerce el poder civil y religioso. En Babilonia, era Marduc. El rey era la encarnación de Marduc. Y en Egipto ya el rey, el faraón, era hijo del sol, que era su divinidad. De manera que tenía categoría divina. Todas las tiranías se amparan en eso. Otras, naturalmente, no llegan a proclamarse divinas, pero, incluso en el imperio cristiano, el rey, el emperador era consagrado por la Iglesia y era coronado por ella. De modo que tenía ese respaldo religioso.


Todo esto es lo que se cae. Porque Dios no es el Señor que domina, sino el Padre que da vida. Ninguna autoridad humana puede poner su base en Dios, en el dios que también es un déspota celeste. Así era incluso el dios del AT en muchos pasajes, no en otros, claro, porque está muy mezclado. Pero, en muchos pasajes, aparecía como ese dios absoluto, ese dios con poder ilimitado. Fijaos que en el AT los reyes se llaman dioses y también los jueces. “Dioses sois e hijos del Altísimo todos”, dice un salmo. Eran los personajes de la autoridad. ¿Por qué? Porque como Dios es la autoridad suprema, el que participa de la autoridad es como Dios. Pues esto se cae por su base.


Cuando la humanidad se dé cuenta de que Dios no puede dar pie a ninguna autoridad absoluta, a ninguna tiranía, porque Dios no ejerce así, sino que Dios en realidad es el Padre que comunica vida, la humanidad se liberará de todo miedo. 

Es la primera petición. Que la humanidad comprenda que tú eres Padre. Por lo tanto que no respete ya ninguna tiranía, ninguna opresión, lo cual significa la liberación de la sumisión, que es lo que la humanidad ha vivido siempre. Es el horizonte de la libertad. Veis qué fuerte es el Padre nuestro, lo que se pide en él. Los que viven en una comunidad tienen ya esa experiencia, ellos ya saben que Dios es Padre, no pueden someterse a ningún tirano. 

Tendrán que vivir en una sociedad, donde tendrán que convivir con otros. Pero reconocer como divinos esos poderes, como se hacía en el culto al emperador romano, no, eso no. El estado será necesario, pero nosotros no aceptamos la veneración del poder. Puede ser un mal necesario, pero nunca el poder tiránico, nunca. El poder opresor, jamás. 

Primera petición. Que la humanidad, sabiendo que tú eres Padre, sea libre, se libere.

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